Fuente: HortiDaily

Las olas de calor, cada vez más frecuentes e intensas, ejercen una presión creciente sobre la producción de berries en cultivo protegido, especialmente en las zonas productoras del Mediterráneo y el norte de África, donde las frambuesas y las zarzamoras se cultivan ampliamente bajo túneles de plástico y estructuras de protección de bajo coste tecnológico.

Según Carlos Correia, propietario de Berry Adviser, los productores pueden reducir el estrés térmico mediante el riego y el manejo del cultivo, pero las decisiones estructurales tomadas mucho antes de que llegue una ola de calor son las que con frecuencia determinan la resiliencia de un sistema productivo.

“Las olas de calor son cada vez más frecuentes, especialmente en el norte de África, la Península Ibérica y gran parte del sur de Europa”, señala Carlos. “En muchos casos, el primer problema empieza por la ubicación de la finca. Los productores suelen desplazarse hacia el interior porque hay parcelas más grandes disponibles o a mejor precio, pero entonces se enfrentan a temperaturas mucho más extremas que las que soportan las fincas situadas cerca de la costa”.

Agrónomo de formación, comenzó su carrera en uva de mesa y tomate en invernadero antes de especializarse en la producción de berries. A través de Berry Adviser, fundada en Portugal en 2021, presta asesoramiento técnico a productores de Portugal, Marruecos, México y otras regiones mediterráneas, con foco principalmente en frambuesas y zarzamoras.

La infraestructura determina la resiliencia
La mayoría de las explotaciones de berries que asesora trabajan en cultivo protegido, principalmente bajo túneles de plástico o invernaderos de tipo canario. Aunque las mallas de sombreo, los plásticos adecuados y el manejo del riego siguen siendo importantes, considera que muchos productores continúan subestimando el valor de los sistemas de refrigeración eficaces.

“Los productores siempre pueden optimizar el riego, ajustar los programas de nutrición y aplicar productos que ayuden a reducir el estrés de la planta, pero esas medidas solo funcionan hasta cierto punto”, explica. “La discusión real suele ser si la finca cuenta con un sistema de nebulización capaz de bajar la temperatura de la planta y reducir el impacto del aire caliente y seco”.

Durante una visita reciente al sur de Marruecos, Carlos pudo observar nuevas instalaciones de berries que siguen siendo vulnerables ante condiciones meteorológicas extremas.

“Algunas fincas han invertido en grandes estructuras de cultivo protegido pero todavía no tienen sistemas de nebulización, o no disponen de volumen suficiente de agua de buena calidad para operarlos correctamente. Si las temperaturas alcanzan los niveles registrados hace unos años, muchos de esos cultivos se verían gravemente afectados”.

Añade que las olas de calor no solo afectan a los sistemas productivos de menor tecnología. “Los invernaderos de propagación de alta tecnología en el norte de Europa también están teniendo dificultades, porque muchos de ellos fueron diseñados para maximizar la entrada de luz y retener el calor, no para hacer frente a temperaturas que se acercan a los 40 °C”, afirma. “La calidad de las plantas jóvenes que se producen durante esos periodos puede verse comprometida, y eso acaba repercutiendo en los productores del sur de Europa y Marruecos que reciben esas plantas”.

La calidad del agua, un factor clave
Cuando se instalan sistemas de nebulización, la calidad del agua se convierte en una consideración igualmente importante.

“Lo ideal sería que los productores utilizaran sistemas de nebulización de alta presión, pero estos requieren equipos especializados y suponen una inversión mucho mayor. La mayoría de las fincas trabajan con sistemas de baja presión, lo que significa que parte del agua llega al cultivo. Si la calidad del agua es deficiente o no está desalinizada, la acumulación de sal en las hojas puede convertirse en el principal problema”.

Dado que los cultivos de berries marroquíes se encuentran generalmente en fase de crecimiento vegetativo durante los meses de verano más calurosos, señala que la presión de enfermedades derivada de la nebulización suele ser limitada.

“Las olas de calor más intensas se producen mientras las plantas están en crecimiento, no durante la cosecha”, explica. “La humedad dentro de las estructuras generalmente no aumenta lo suficiente como para generar problemas fúngicos significativos, porque la humedad exterior es muy baja y todavía hay movimiento de aire a través de las estructuras”.

Equilibrar calor y humedad
Carlos señala que elegir la estructura de cultivo protegido adecuada implica cada vez más encontrar un equilibrio entre múltiples riesgos climáticos.

“El invernadero de tipo canario funciona muy bien ante el calor extremo, especialmente cuando se combina con nebulización”, afirma. “Sin embargo, tras un invierno excepcionalmente lluvioso, estas estructuras pueden ventilar más lentamente que los túneles de plástico, lo que se traduce en niveles de humedad más elevados durante períodos más prolongados”.

A medida que los patrones meteorológicos se vuelven más variables, prevé que los productores pondrán mayor énfasis en diseñar sistemas de cultivo protegido capaces de responder tanto a los extremos de calor como a los de humedad.

“Todo el mundo está intentando adaptarse a estas olas de calor cada vez más frecuentes”, dice Carlos. “Llevará tiempo, pero la gestión climática se está convirtiendo en una parte cada vez más importante de la planificación de la producción de berries“.