Fuente: Reporte Agrícola

El fenómeno climático podría favorecer nuevas precipitaciones entre septiembre y noviembre, con posibles efectos sobre la floración de frutales y berries. Al mismo tiempo, el escenario permitiría una recuperación de las reservas hídricas en la zona centro sur.

La primavera podría llegar con un escenario poco habitual para el sector agrícola. La presencia de El Niño aumenta las probabilidades de que durante septiembre, octubre y noviembre se produzcan lluvias más frecuentes e intensas en la zona central y centro sur del país, algunas acompañadas de viento e incluso granizo.

Para los agricultores, el principal punto de atención estará en la floración de frutales y berries. El especialista en agroclimatología de INIA Quilamapu, Raúl Orrego, explicó que: “En la zona central y en el centro sur de Chile, con presencia de Niño, la primavera suele ser más lluviosa”, señaló el investigador. A su juicio, el fenómeno no significa necesariamente que vuelvan a producirse inundaciones como las registradas durante otros eventos, pero sí eleva la posibilidad de episodios de lluvia intensa durante una etapa especialmente sensible para los cultivos.

Lluvias intensas podrían complicar la floración

El riesgo para la agricultura estaría relacionado principalmente con la intensidad de las precipitaciones. Según Orrego, los eventos primaverales podrían alcanzar registros de 5, 6 o 7 milímetros por hora, niveles propios de condiciones invernales.

“Si bien no implica necesariamente que se repitan inundaciones, sí aumenta el riesgo de lluvias intensas durante la floración, especialmente en árboles frutales y berries”, advirtió.

“Generarían daños en las plantas por el golpe directo que recibe la flor en época de floración, más que por el anegamiento”, explicó el especialista.

Las precipitaciones también podrían alterar el calendario de algunas labores agrícolas que requieren suelos secos. Entre ellas se encuentran la siembra de determinados cultivos y la fertilización nitrogenada, que podrían verse retrasadas si las condiciones de humedad se mantienen.

A esto se suma la posibilidad de que algunos episodios tengan características tormentosas. El especialista señaló que el escenario actual favorece una mayor inestabilidad atmosférica, por lo que las lluvias podrían presentarse junto con viento y granizo, algo menos habitual durante una primavera normal.

La temperatura del Pacífico mantiene al fenómeno bajo vigilancia

La evolución de El Niño está relacionada con el comportamiento de la temperatura superficial del mar en la zona 3-4 del Pacífico, frente a las costas de Ecuador. Orrego explicó que un aumento de entre 0,5 y 1 °C sobre el promedio corresponde a un Niño débil; entre 1 y 1,5 °C, a uno moderado; entre 1,5 y 2 °C, a uno fuerte; y sobre los 2 °C, a uno extremadamente fuerte.

En julio, la temperatura registrada en esa zona estuvo 2,03 °C sobre lo normal. Si esta condición permanece durante los siguientes tres meses, el fenómeno alcanzaría la categoría de Niño extremadamente fuerte.

Las proyecciones también anticipan un escenario excepcional. “Las últimas proyecciones apuntan a que para el trimestre octubre-noviembre-diciembre, el fenómeno podría superar los 2,7 °C por sobre lo normal (que fueron los alcanzados el año 2015), lo que lo dejaría como el evento más intenso registrado con mediciones directas”, indicó Orrego.

Una de las explicaciones está en el comportamiento del anticiclón del Pacífico, sistema que normalmente dificulta el ingreso de los frentes hacia el territorio. Su debilitamiento permite que estos sistemas avancen con mayor frecuencia hacia el continente.

El Niño también favorece la formación de los llamados ríos atmosféricos, grandes concentraciones de vapor de agua que trasladan humedad hacia tierra firme y pueden aportar mayores volúmenes de precipitación.

El escenario también mejora las condiciones hídricas

Para la agricultura, sin embargo, no todo son riesgos. La presencia de El Niño suele asociarse a una menor frecuencia de heladas y a una mayor disponibilidad de agua, un factor especialmente relevante después de varios años con déficits de precipitaciones.

La situación del centro sur ya experimentó un cambio importante. Antes de las lluvias de julio, el déficit alcanzaba aproximadamente un 40%, mientras que actualmente los registros se encuentran dentro del rango normal.

“Lo más probable es que este año termine normal, incluso quizás por sobre ello, como no pasaba hace muchos años”, sostuvo el especialista.

La acumulación de nieve en la cordillera también representa una reserva para los próximos meses. Sin embargo, su permanencia dependerá de las temperaturas que se registren posteriormente, ya que una isoterma elevada o un verano muy cálido podrían acelerar el derretimiento.

El comportamiento del verano es otro elemento que requiere atención. Orrego advirtió que las altas temperaturas, sumadas a una mayor cantidad de biomasa generada por las lluvias, podrían elevar el riesgo de incendios forestales. La humedad disponible, eso sí, podría reducir parcialmente ese efecto.

El actual episodio de El Niño vuelve a plantear un escenario con efectos contrapuestos para el agro chileno. Las lluvias ofrecen una oportunidad para seguir recuperando las reservas de agua del centro sur, pero al mismo tiempo aumentan la exposición de los cultivos a precipitaciones intensas, viento y granizo durante la floración. Por eso, la evolución de las condiciones durante los próximos meses será determinante para definir el impacto final de esta primavera.