Por PortalBerries

El hallazgo de cocaína en un cargamento de frutos rojos hacia Australia volvió a poner el foco en el uso de exportaciones agrícolas como fachada del narcotráfico. Pero detrás de esa noticia hay una industria real, con cifras, historias y proyección que merece contarse.

A fines de junio, la Policía Federal Australiana informó la incautación de 110 kilos de cocaína ocultos en un contenedor refrigerado con berries congelados proveniente de Santiago de Chile, en el puerto de Port Botany, en Sídney. La droga, con un valor estimado de 36 millones de dólares australianos en el mercado negro, fue detectada por la Fuerza Fronteriza Australiana tras una inspección de rutina. Las autoridades enmarcaron el caso dentro de una tendencia transnacional: organizaciones criminales que recurren a cargas perecederas —harina, plátanos, frutos rojos— como cobertura logística para mover droga evadiendo los controles fronterizos.

Es una noticia que preocupa y que exige más trazabilidad y control en la cadena logística de exportación. Pero es importante decirlo con claridad: ese contenedor no representa a la industria. Detrás de cada envío de fruta hay una cadena de miles de personas —productores, packing, exportadores, técnicos, transportistas— que trabajan todos los días para que el berry chileno llegue en condiciones a mercados exigentes. Confundir una fachada delictual con el esfuerzo de esa cadena sería injusto, y por eso vale la pena mirar los números reales de una industria que, pese a los desafíos, sigue siendo un referente mundial.

Una industria que crece incluso en un ciclo exigente

La temporada 2025-2026 de arándano fresco chileno cerró con 92.900 toneladas exportadas, un 2,7% más que el ciclo anterior, superando las estimaciones iniciales del sector. El recambio varietal explica buena parte de ese resultado: las nuevas genéticas ya representan cerca del 24% de los envíos, con un salto de 14% en su volumen, mientras las variedades tradicionales muestran una leve caída, reflejo de un proceso de modernización más que de retroceso.

En destinos, Europa concentra el 50% de los despachos de arándano fresco y Estados Unidos un 37%, mientras América Latina —especialmente Argentina y Brasil— vuelve a ganar protagonismo como mercado. En el congelado, el arándano es la principal fruta dentro de los berries, con un 41,6% del volumen total y US$166 millones exportados en ese segmento, con una tendencia al alza cercana al 13%.

El sector orgánico también avanza con fuerza: los alimentos orgánicos chilenos sumaron US$72 millones solo en enero de 2026, un incremento de 15,9% respecto al año anterior, impulsado principalmente por el arándano fresco y las frutas congeladas —frutillas, frambuesas, moras— con certificación orgánica. En el plano agregado, la agricultura chilena venía de crecer 7,4% en 2024, más de tres veces el ritmo de la economía nacional, con envíos por US$13.500 millones, de los cuales US$9.000 millones correspondieron solo a fruta fresca.

El sur, San Pedro y Coquimbo: el mapa real de la fruticultura

Estas cifras nacionales se construyen, campo a campo, con historias muy distintas entre sí. Está el productor del sur, en La Araucanía o Los Ríos, que cultiva menos de mil plantas y vende a un packing local. Está el agricultor de San Pedro, con sus 30 hectáreas de frutilla que sostienen a su familia y a varios trabajadores de temporada. Y está el tremendo desarrollo que ha tenido la fruticultura en la Región de Coquimbo, que ha ido sumando superficie y tecnificación aprovechando sus condiciones de clima y su ventana productiva. Ninguno de ellos tiene nada que ver con una red de narcotráfico, y son justamente ellos quienes sostienen el prestigio de la fruta chilena en el mundo.

En la Región de Maule, por ejemplo, ha sido protagonista a nivel Latinoamericano en la producción de frutilla con la realización, por segundo año consecutivo, del Encuentro Latinoamericano de la Frutilla, Fresa, Morango. Donde distintas regiones del país concluyen de forma unánime que han encontrado en los berries, un motor de desarrollo económico y social, con packing, empleo y encadenamientos productivos, además de investigación y desarrollo que van mucho más allá de un titular policial.

La tarea pendiente para la industria es clara: más trazabilidad, más control logístico y más colaboración público-privada para blindar la cadena de exportación frente a este tipo de intentos. Pero la conversación de fondo debe seguir siendo la correcta: la del potencial de Chile para consolidarse como el gran referente de berries del sur del mundo, con el trabajo de miles de productores —grandes y pequeños— como su verdadero capital.

Fuentes: Cooperativa.cl, Emol, BioBioChile, FreshPlaza, Mundoagro; Frutas de Chile / Chilealimentos, AFIPA, INIA Quilamapu, Reporte Agrícola, Smartcherry / SUBREI.